martes, 7 de octubre de 2014

Aventura No Esperada


Una cama vacía, con olor a rocío y rosas en medio de un bosque lleno de avaricia y con árboles de cristal agrietados por el paso de mentiras que he recibido en todos estos años. Me despierto en mitad de mis sueños borrachos y que me invaden de manera despiadada hasta llegar al punto de desconocer lo que es real y lo que deja de serlo.

Atravieso vagamente una colina llena de obstáculos hasta llegar a un lago inmaculado. Una especie de oasis que, al parecer, nadie había encontrado ni visto. Lo atravieso en una barca que según avanza cobra vida y me recrimina acciones de mi pasado sin ningún tipo de argumento pero teniendo mucho sentido.

Observo mi brújula y no salgo de mi absoluto asombro. Tengo calor pero estoy llegando al norte, lo cual me desconcierta mucho para ser sincero, y todo se cierna. El agua adopta un color rojizo súbitamente. Entre mis nervios y mi adicción busco un cigarrillo que consiga calmar mis pensamientos de terror y angustia. No encuentro mechero. Observo a mi alrededor y no veo nada más que sombras y agua, mucha agua. Miro mi mano izquierda y el cigarrillo, se ve, decidió encenderse por sí mismo. ¿Estaba en un sueño o una realidad?

Después de mi larga travesía consigo llegar a una orilla en la que se encuentran dos niños construyendo una fogata. ¿Con el calor que hace a quién se le ocurre? Pensaba yo mientras el piti daba sus últimas raciones de nicotina. Sin embargo hace la función de manantial. Me adentro en la pequeña villa y las calles están vacías, la tarde melancólica y un alma acercándose a mí con cara de desprecio y de manera un tanto hostil.

"Tú, el del sur, fuera de aquí" decía la chica de puntillas porque para ser sincero las dos primeras veces no conseguí escucharle. He de admitir que en cuanto la vi entendí todas las cosas paranormales que me habían sucedido a lo largo de mi viaje que, resulta, duró 19 años. Súbitamente, salió el sol. Los niños jugaban alrededor de la fogata que poco a poco empezaba a soltar una llama. El lago se volvía azul y la barca partía por sí misma a dónde quiera que fuese su origen.

El final de este cuento, para fortuna o desgracia de cualquiera que consiga leerlo, no lo sé ni quiero saberlo. Porque aunque la persona que me recibió no cambiara su actitud no deseaba ni deseo en ningún instante que lo haga. Admito que todo el cambio que se dio en cuanto la vi me alivió pero me di cuenta de que entre toda la fantasía en la que vivo y la que vivimos las personas hay cosas que son reales. 

Ella lo es y no lo cambiaría por nada ni nadie. Era como estar ciego y de repente entender todo por lo que había pasado. Las mentiras, las desgracias, el dolor, las horas de escritura buscando comprensión en el papel porque el mundo no conseguía dármela y, sobretodo, las decepciones. Espero no volver a ver el lago verde, las calles vacías, fogatas que tiren agua o calor en el norte porque todos sabríamos lo que eso significaría.

miércoles, 20 de agosto de 2014

"Un sueño infiel".

Si  pudiera estar en dos momentos a la vez, tengo más que claro cuales viviría. Uno sería el día que te conocí, obviamente, porque a partir de ese día volví a creer en algo que hacía mucho me había abandonado. Seguramente estés pensando en “amor” o “felicidad”, lo sé porque siempre recuerdo cómo, con tu mirada de espinas, me decías que no dejaba de repetírtelo alba tras alba, crepúsculo tras crepúsculo. No, en ninguna de esas empecé a creer nuevamente. Volvieron mis ganas de vivir, porque en eso me volviste a hacer creer, en la vida misma y como ésta es el disfrutar cada momento de ella; sobretodo los pequeños pincelazos de nuestro día en los que nos abstraemos de todo lo negativo que nos rodea y somos nosotros mismos.

Muchos dicen que el día que nos entregamos a Morfeo de por vida nuestra vida pasa justo delante de nuestros ojos en un santiamén. A mí me llegó justo en el momento que cruzaste por la diagonal principal de mis andares. Me encontraba en medio de mi dilema continuo, “¿Vodka o Ron?” Como quién dice “¿Page o Hendrix?”. Salí de aquella tienda de alcoholes baratos y sueños rotos añorando un ápice de pasión esa noche de verano. Entonces mis ojos cansados te encontraron, tan inmaculada, tan perfecta, tan tú. No podía dejar de admirarte, esa sonrisa tan limpia y despreocupada me dejaba sin aliento, me asfixiaba la simple idea de no tener el valor de acercarme a vos y sencillamente preguntarte tu nombre.

Tras un par de tragos de vodka, porque vamos a admitirlo siempre era vodka, me armé de valor y poesía, me acerqué a tu pelo de esmeralda y te pregunté suavemente al oído: “¿Eres un ángel o estoy en el cielo?” .

Entonces llega el segundo momento que viviría a la vez. Justo el momento en el que abriste la boca y me respondiste entre carcajada y carcajada “De hecho, soy Ángela”. Recuerdo la de veces que nos reíamos de mi cara, roja como el atardecer mismo, y mi expresión de total vergüenza y ebriedad. Me quedo con ese momento porque fue la primera vez que te vi sonreír. ¿Quién me iba a decir a mí que cambiaría mi vodka por esa alegría? Porque a partir de ese momento me emborrachaba a risas tuyas, a miradas tuyas a palabras tuyas.

Podemos darle todas las vueltas que quieras a la situación pero el hecho es que no puedo revivir dos momentos y mucho menos a la vez. Lo que sí está claro es que hasta que el sol salga por el oeste y se ponga por el este yo protegeré esos momentos con mi alma, no los compartiré con nadie porque son nuestros. Tuyos y míos. Igual que tú eras mía y yo era tuyo. Yo cumpliré con mi palabra por más que la tuya valga menos que una mísera peseta a día de hoy. La vida me devolvió esperanza y tú le devolviste a la vida todo aquello que me había dado.

"Utopía".

3 deseos. Me sobran dos. Que los días duren 32 horas y los meses 40 días. Por qué? Muy sencillo. Podría pedir una casa en el caribe, un jet privado o mi favorita, una Harley. Personalmente prefiero aquello que cuando damos nunca recuperamos, segundos, minutos, horas.

Tiempo para mirarte, para llevarte de paseo o a ver una película de Hitchcock. Aunque, seguramente, acabásemos viendo una de Hepburn. Si los meses tuvieran 40 días los años pasarían lentamente y tendríamos más horas para soñar. Mi sueño eres vos porque en uno te encontré, en el más profundo que he tenido desde que mi alma es alma.

"¿Cuál es el sentido de la vida?" Preguntaba mi profesora de filosofía entre bostezos. Mi primera idea fue la que muchos ingenuamente tomamos por esencia de vivir, la felicidad. Podría jurar cómo mi cerebro engranaba como un reloj suizo de máxima precisión. Si el sentido de la vida es ser feliz perdóname pero no vivimos todo el tiempo porque si algo me has enseñado es que tenemos momentos bajos en los que todo se cierna y no nos sentimos del todo realizados.

Entonces lo entendí. La esencia de mi vida eres vos, mi sol, porque cuando estoy a tu lado los segundos parecen horas. Porque me has enseñado a vivir en la alegría y la tristeza. Porque estar a tu lado cuando estás abajo me impulsa hacia arriba más que cualquier regalo o gol de mi equipo. Para mí el sentido de la vida es eso, amarte. Amar lo hermoso y lo terrible por igual porque eso es lo que me mueve a seguir adelante. Incluso cuando no estoy empapado de felicidad vivo, porque estoy empapado de tus ojos cristalinos, de tus miradas llenas de palabras suaves cómo la seda.

No me hizo falta frotar una lámpara persa. Te encontré y el tiempo se detuvo. Desde entonces mis días parecen más largos, cada instante sin ti son lustros y poco a poco me vuelve loco la idea de perderte porque si te pierdo a vos, me pierdo a mí mismo.

Dos acordes. Uno suena en armonía mientras el sol se esconde y otro cada vez que te beso. Si te besará durante la puesta de sol sonaría nuestra canción. Ahí, te lo aseguro, los segundos se harían eternidades y si fuera un sueño, le rogaría a Morfeo que me dejase ahí hasta que mi alma se separase de mí. Eres mi mundo, mi vida, mi tiempo, mi amor y mi debilidad. Pase el tiempo que pase sea de la manera que sea estaré ahí, a tu lado, el único lugar en el que vivo con sentido y de manera plena.

"Crónica de una desesperación anunciada".

Envidia, solamente veía envidia a través del espejo. Envidia punzante y desgarradora, de esas que mueven fronteras y que en ocasiones llevan a la locura extrema y despiadada.

Dos pasos, una escalera. Apenas llego al último escalón lanzando suspiros de agonía. Te encuentro, ahí estás vos bien acompañada por tu caballero, tu escudero y fiel compañero. Se cierra una ventana y te desvaneces como la nieve cuando llega la primavera, lentamente y con más elegancia que la esencia de un rubí.

Ante mí, la cruda realidad. Una habitación vacía de amor y llena de recuerdos. Tenía envidia, mucha envidia porque cada segundo dentro de esas cuatro paredes de poesía desnuda se convertirían en mi peor pesadilla. Intento abordar la mayor cantidad de esquinas de mi celda de sueños rotos y observo como mi rostro se esfuma de cada fotografía. Gritos, desesperación, música, 2 hielos y mucho whisky.

Despierto del peor regalo que pueda hacer Morfeo. Sigo ebrio de pasión y aturdido de terror. Me levanto como puedo y te veo con tus cosas en la puerta de mi alma, tú apunto de abandonarme y yo apunto de dejarte ir. Dos lágrimas en tu cara haciendo piques para ver cual llegaba antes a su destino. Las detengo y digo fríamente:

"Mi amor, mi vida, mi sol y estrellas si vos te vas yo desaparezco, he subido la escalera de mi vida y ahí estabas esperándome arriba, donde nuestros caminos por fin se cruzan. Si te dejo ir se cierra nuestra ventana y dará paso a otra en la que quedo aislado, encerrado en mi propio mar de desgracias. Lo llamaremos Pablo en honor al poeta que nos unió y al que juré que estaría con vos incondicionalmente, pasara lo que pasara. Te quiero hoy, mañana, ayer, siempre".

"Abril"

Vos, yo. Abril. Noche, desde luego. Decidimos inventar nosotros mismos nuevas constelaciones y si nos daba tiempo entre mirada y mirada, pintarlas a nuestro gusto. Recuerdo perfectamente el día que te vi pasar por el río de mi vida. Yo estaba sentado en un banco gris, muerto, sin poesía siquiera unas gotas de alegría y entonces vagamente reconocí tu rostro inmaculado. Hola, dos besos, sonrisa. Yo hago mi típica pregunta incómoda que tantas veces me recuerdas y tú te ríes dulcemente como los ángeles, con armonía. Sigue la charla y me siento nervioso, intimidado ante esos ojazos que posees. Un paseo, dos pasos, mil segundos a mi parecer. La segunda vez que nuestros caminos se cruzaron, no podía dejar de mirarte y lo creas o no notaba cómo tímidamente me mirabas, siempre tan guapa y risueña. Me besabas con tu mirada limpia y cristalina, yo miraba con deseo tus labios llenos de vida. Recuerdo ese día perfectamente. Abril. Noche. El firmamento. Vos y yo. Me incliné con sutileza en el banco de nuestro inicio y nos besamos. Aquella noche volví lleno de deseos. El deseo de mirarte, el deseo de besarte, el deseo que me enloquece, vos.

"Caderas de Cristal"

A veces nos encontramos en mitad del océano de pensamientos y amores que describen nuestra vida con la exactitud y precisión de un barómetro calibrado minuciosamente. Si algo es capaz de bajar la presión de aquel artefacto es tu presencia. Me fijo vagamente en el segundero de mi reloj de bolsillo y observo algo más que peculiar.

Me gustaría que Newton resurgiese de su tumba y me explicase sus 3 leyes en presencia de algo tan infinito y puro como tus caderas de cristal. Una buena noche como cualquiera (mismo bar, misma bebida, misma gente, mismo todo) sufrí en primera persona los efectos de su danza. Era como estar hipnotizado, como si cada movimiento poseyese toda mi atención, todos mis sentidos.

Nos dio la una y ahí seguíamos, en un mar de estrellas bailando sin cesar, mirándonos a los ojos fijamente sin pronunciar una sola palabra. No hacía falta. Nos fusionamos apasionadamente en un tango suave como la seda, elegante como el diamante.

Esa noche, creo recordar, me dejé en casa las ganas de vivir. Un trago, un vals. Dos tragos, un tango. Tres tragos, éxtasis. Un beso, plenitud. Digamos que ese fue el ritmo que llevamos aquella noche de rocío, noche de esperanza. Dejé las ganas de vivir y volví con la vida misma, vos.

sábado, 21 de septiembre de 2013

"Tempestad"


Tempestad? Tormenta? Terremoto? Tsunami? De entre todas no sabría cual elegir, lo que sí está claro es que empezaría por “T”.

Por “T” de “templanza”, la templanza que caracteriza tu sonrisa soñolienta, tan viva y perfecta como el despertar de mi existencia cada vez que descubro tu manto de alegría y atrevimiento; como la templanza que me falta cada vez que te hablo, inquieto y fascinado por tu mirada. Sí, he de admitir que no poseo la virtud de la templanza cada vez que estoy a tu lado, cada vez que tus ojos de hielo se posan en las sendas de la vida, una vida que es reacia al fracaso, a lo cotidiano, llena de ambición y fantasía.

Por “T” de “tesón”, algo que desde luego te identifica. Esas ganas de trabajar, en todas las facetas del día a día ya sea deportiva o académicamente. Ese tesón me atraía, cada vez más, poco a poco, como atrae el sol a los planetas. Siempre recordaré esa tarde de otoño, las nubes lloraban desatadamente y vos bailabas al son de cada lágrima caída. He de confesar que siempre deseé viajar por el valle de tus caderas, llenas de lujuria y pasión para mis ojos débiles, vulnerables a tu mirada y que se llenan de dicha cada vez que dices un simple “hola”. Haces temblar mis entrañas de cristal, atormentas mis sueños e invades mi alma constantemente, llenándola de júbilo y emoción.

Por “T” de “talento”, admito que estás repleta de ello. Tus relatos, llenos de poesía y verdad, me atraviesan como un espada de flores, suavemente, acariciando cada esquina de mi cuerpo, dejando en él un olor a melancolía y hierbabuena . Tu cabello, reluciente como el amanecer, me hipnotiza y me lleva a una dimensión en la que parezco un tonto en busca de algo inalcanzable, tu amor.  Siempre has sido como un espejo, quiero decir, que para verme tengo que mirarte.

Sí, he llegado a la deducción de que eres un ángel sin alas, terriblemente hermoso y deslumbrante. No salgo de mi asombro, cristalino como un diamante, cada vez que compartimos literatura, cada vez que hablamos de música hasta las tantas o del largometraje que queremos ver.

Siempre recordaré lo primero que jamás te dije, yo siempre actuando cual poeta desarmado, traicionado por sus propios versos; que no es capaz de actuar como un ser normal, que encuentra fascinante aquello que le resulta a la multitud aburrido y en ciertos casos ambiguo. “Lápiz o sacapuntas?” Seguramente jamás te confesé que en ese momento deseaba que dijeras lápiz, que fueras la primera capaz de entender la pregunta, una pregunta a la que la mayoría de esta sociedad, sexista e ignorante, encuentra connotaciones sexuales. Y aquí estamos, yo perdido en mi propia agonía y asfixiado por mis propias pasiones que son incapaces de ceder ante lo evidente. Y vos radiante como siempre, supongo que por ello es normal que jamás te fijases en un peón cualquiera en esta partida de ajedrez que considero es la universidad.

Me quedo con “tempestad”, que es lo que realmente eres, perturbas mis aguas marinas repletas de versos de Neruda y Machado, haces variar mi presión poética  dependiendo de cuan cerca estemos y acabas con truenos de lírica acompañada de una lluvia de belleza inconmensurable. La tormenta perfecta, mi tempestad ideal.