sábado, 21 de septiembre de 2013

"Tempestad"


Tempestad? Tormenta? Terremoto? Tsunami? De entre todas no sabría cual elegir, lo que sí está claro es que empezaría por “T”.

Por “T” de “templanza”, la templanza que caracteriza tu sonrisa soñolienta, tan viva y perfecta como el despertar de mi existencia cada vez que descubro tu manto de alegría y atrevimiento; como la templanza que me falta cada vez que te hablo, inquieto y fascinado por tu mirada. Sí, he de admitir que no poseo la virtud de la templanza cada vez que estoy a tu lado, cada vez que tus ojos de hielo se posan en las sendas de la vida, una vida que es reacia al fracaso, a lo cotidiano, llena de ambición y fantasía.

Por “T” de “tesón”, algo que desde luego te identifica. Esas ganas de trabajar, en todas las facetas del día a día ya sea deportiva o académicamente. Ese tesón me atraía, cada vez más, poco a poco, como atrae el sol a los planetas. Siempre recordaré esa tarde de otoño, las nubes lloraban desatadamente y vos bailabas al son de cada lágrima caída. He de confesar que siempre deseé viajar por el valle de tus caderas, llenas de lujuria y pasión para mis ojos débiles, vulnerables a tu mirada y que se llenan de dicha cada vez que dices un simple “hola”. Haces temblar mis entrañas de cristal, atormentas mis sueños e invades mi alma constantemente, llenándola de júbilo y emoción.

Por “T” de “talento”, admito que estás repleta de ello. Tus relatos, llenos de poesía y verdad, me atraviesan como un espada de flores, suavemente, acariciando cada esquina de mi cuerpo, dejando en él un olor a melancolía y hierbabuena . Tu cabello, reluciente como el amanecer, me hipnotiza y me lleva a una dimensión en la que parezco un tonto en busca de algo inalcanzable, tu amor.  Siempre has sido como un espejo, quiero decir, que para verme tengo que mirarte.

Sí, he llegado a la deducción de que eres un ángel sin alas, terriblemente hermoso y deslumbrante. No salgo de mi asombro, cristalino como un diamante, cada vez que compartimos literatura, cada vez que hablamos de música hasta las tantas o del largometraje que queremos ver.

Siempre recordaré lo primero que jamás te dije, yo siempre actuando cual poeta desarmado, traicionado por sus propios versos; que no es capaz de actuar como un ser normal, que encuentra fascinante aquello que le resulta a la multitud aburrido y en ciertos casos ambiguo. “Lápiz o sacapuntas?” Seguramente jamás te confesé que en ese momento deseaba que dijeras lápiz, que fueras la primera capaz de entender la pregunta, una pregunta a la que la mayoría de esta sociedad, sexista e ignorante, encuentra connotaciones sexuales. Y aquí estamos, yo perdido en mi propia agonía y asfixiado por mis propias pasiones que son incapaces de ceder ante lo evidente. Y vos radiante como siempre, supongo que por ello es normal que jamás te fijases en un peón cualquiera en esta partida de ajedrez que considero es la universidad.

Me quedo con “tempestad”, que es lo que realmente eres, perturbas mis aguas marinas repletas de versos de Neruda y Machado, haces variar mi presión poética  dependiendo de cuan cerca estemos y acabas con truenos de lírica acompañada de una lluvia de belleza inconmensurable. La tormenta perfecta, mi tempestad ideal.

lunes, 19 de agosto de 2013

"Soledad"


Sí, estaba solo. Entre la espada y la pared. Sumergido en mis propias dudas, dejando entrever que no era de titanio, sino un simple soldadito  de madera más dentro de esta sociedad llena de avaricia y odio. 

Y entonces encontré tu sonrisa, me impactó como un rayo, como un solo de Jimmy Page, como impacta la lluvia en verano. "¿Hay esperanza?" Pensaba yo cual joven entusiasta. Cruzamos la mirada y se detuvo el tiempo, unos simples segundos que a mi parecer fueron siglos. Y te miraba, tan trasparente como el agua de manantial, tan delicada como un violín, tan hermosa como el amanecer. Me volví loco, vivía perdido en las montañas del deseo, como el que busca agua en el Sahara. 

Sí, fuiste mi oasis, ya no estaba solo. Mis dudas se despejaron como las nubes después de una tempestad. Me sentí de titanio nuevamente y viví. Una simple sonrisa me cambió la vida, pero vaya sonrisa.

"Recuerdos"


Una noche gélida en las calles de Londres sería el escenario de nuestra locura. Brisa, rayo, hielo, desparpajo. Entonces me di cuenta, súbitamente me golpeó, un golpe desbordantemente perfecto. No sentía dolor, no. Abrí los ojos y allí estabas, en medio de mis sueños, invadiendo cada parte de mi vulnerable cuerpo. Y te vestiste con tu sonrisa, tan perfecta, tan inmaculada, tan tentadora como una sirena en medio de los océanos de fantasía.  No cabía en mí mismo, mi alma se despertó con la intensidad de un terremoto de escala 8, llena, limpia. El recuerdo británico nos invadía, como invade la emoción a un niño cuando recibe un juguete nuevo.

Entonces te prometí Roma. Déjame que te diga que insensatamente fue la mejor locura que jamás cometeré, o cometeremos, pues vivíamos en un pequeño apartamento lleno de libros de London, Wilde y Hemingway. Vivíamos del calor de la chimenea, dónde haríamos el amor desatadamente, sin parangones, al son de canciones de Sinatra o tu favorito, Mercury. En Roma nos encontramos a nosotros mismos, jóvenes apasionados, amantes de la literatura y los grandes músicos. En Roma nos enamoramos locamente. Me perdía en tus ojos cristalinos y me sentía diminuto ante tu mirada, llena de vida, llena de poesía. De Roma únicamente tenemos recuerdos de vidrio, “¿Se acordará de Roma?” me preguntaba entre calada y calada.

Nuestro último recuerdo juntos lo tengo en Madrid, dónde empezó todo. Recuerdo la primera vez que te vi, ese perfume de rosas, ese libro de Neruda y esa camiseta de los Rollings. Era primavera en Madrid, y los parques estaban llenos de poetas muertos, se escuchaban versos en cada esquina; incluso acordes de Serrat y Sabina. Te saludé tímidamente, como saludan los enclenques a aquellos que les hacen la vida imposible. Siempre recordaré tu rostro ese día, esa pequeña carcajada que se te escapó y cómo dijiste dulcemente: “Soy Natalia”. Hablamos de poesía y música hasta el amanecer, tú siempre tan Mick Jagger y yo siempre tan Paul Macartney. Tú siempre tan Hemingway yo siempre tan Wilde. Una aventura que acabó el 15 de Julio de 2012 en la puerta del sol. Hasta nunca Nati, descansa en paz. Te quiero. 

"Agonía"


Y ahí nos encontrábamos, perdidos en la noche parisina, sin rumbo. Con la certeza de que estábamos en el lugar correcto en el momento perfecto. Y miré tus ojos cristalinos, tan infinitos como el sentimiento que me invade cada vez que te beso. Pero no esta vez no encontré respuesta.

Estabas taciturna como la noche misma, como el que suspende con 4,92. Fue entonces cuando empezó esta agonía, tan amarga como el vinagre y tan agria cómo la lima. Dejamos París y con ella tus ganas de amarme, aquellos pétalos de vida y amor que antes cuidábamos juntos empezaron a marchitarse, a caer como las hojas de los árboles en otoño. Ni mi espada de poemas y relatos revivía la llama, una llama que llegó a arder cómo el mismísimo sol. 

Agonía, no sentía más que agonía; tan inmensa y aterradora como el vacío, tan punzante cómo un puñal de espinas, tan intensa como la manera en que te amé. Vos sos mi agonía, mi vida y mi todo.

"Poesía"


“Todos podemos escribir poesía” aclamaba mi profesora de castellano con aliento a alcohol barato. Fue la primera mentira que jamás escuché de ella, una afirmación que se consumía como un cigarrillo por la mañana y que dejaba en evidencia la ciega fe que tenía e sus pupilos. No todos podemos escribir versos, no todos somos Bécquer, Benedetti o Machado. Aquellos capaces de retratar sus sentimientos son los verdaderos escritores. Plasmar el dolor o el amor en papel no es marcar un gol en el patio. Plasmar el dolor o el amor en papel es desgarrarte el corazón, abrirlo de par en par y encontrar en él tus experiencias, sentir que todo se apaga, que estás solo en el universo y que solamente la profunda mirada de sus ojos pueden llevarte a otra dimensión. Escribir poesías es hacerte de cristal, frágil y fácil de romper pero a su vez elegante como Frank Sinatra. Tener el carácter de Thom Yorke y la entrega de Rafa Nadal. Escribir no es una afición, es una pasión. No todos somos pasionales, no todos somos capaces de abrirnos al mundo entero, desnudarse y mostrar nuestras carencias. Cómo bien dijo Neruda: “la poesía llama a unos pocos, nos toca y hemos de sentirla.

Mel me hizo sentirla, por eso estoy aquí escribiendo de mi puño y letra aquellas tardes grises de Sting y chocolate. De besarnos hasta el amanecer, de quererse como dos amantes: incondicionalmente. Entonces te fuiste y me dejaste en la desdicha, hiciste añicos nuestros sueños de hierro y entraste en lo más profundo de mi ser. Cada lágrima perdida me recordaba :”todos podemos hacer poesía entonces escuché un silencio ensordecedor y desperté en medio de un mar de dudas que ni el mismísimo Holmes podría resolver. Fue entonces cuando decidí escribir estas líneas que de mucho no han de servir, pues con el tiempo se irán muriendo infelizmente en el recuerdo de una tarde de otoño 2010