Una cama vacía, con olor a rocío y rosas en medio de un bosque lleno de avaricia y con árboles de cristal agrietados por el paso de mentiras que he recibido en todos estos años. Me despierto en mitad de mis sueños borrachos y que me invaden de manera despiadada hasta llegar al punto de desconocer lo que es real y lo que deja de serlo.
Atravieso vagamente una colina llena de obstáculos hasta llegar a un lago inmaculado. Una especie de oasis que, al parecer, nadie había encontrado ni visto. Lo atravieso en una barca que según avanza cobra vida y me recrimina acciones de mi pasado sin ningún tipo de argumento pero teniendo mucho sentido.
Observo mi brújula y no salgo de mi absoluto asombro. Tengo calor pero estoy llegando al norte, lo cual me desconcierta mucho para ser sincero, y todo se cierna. El agua adopta un color rojizo súbitamente. Entre mis nervios y mi adicción busco un cigarrillo que consiga calmar mis pensamientos de terror y angustia. No encuentro mechero. Observo a mi alrededor y no veo nada más que sombras y agua, mucha agua. Miro mi mano izquierda y el cigarrillo, se ve, decidió encenderse por sí mismo. ¿Estaba en un sueño o una realidad?
Después de mi larga travesía consigo llegar a una orilla en la que se encuentran dos niños construyendo una fogata. ¿Con el calor que hace a quién se le ocurre? Pensaba yo mientras el piti daba sus últimas raciones de nicotina. Sin embargo hace la función de manantial. Me adentro en la pequeña villa y las calles están vacías, la tarde melancólica y un alma acercándose a mí con cara de desprecio y de manera un tanto hostil.
"Tú, el del sur, fuera de aquí" decía la chica de puntillas porque para ser sincero las dos primeras veces no conseguí escucharle. He de admitir que en cuanto la vi entendí todas las cosas paranormales que me habían sucedido a lo largo de mi viaje que, resulta, duró 19 años. Súbitamente, salió el sol. Los niños jugaban alrededor de la fogata que poco a poco empezaba a soltar una llama. El lago se volvía azul y la barca partía por sí misma a dónde quiera que fuese su origen.
El final de este cuento, para fortuna o desgracia de cualquiera que consiga leerlo, no lo sé ni quiero saberlo. Porque aunque la persona que me recibió no cambiara su actitud no deseaba ni deseo en ningún instante que lo haga. Admito que todo el cambio que se dio en cuanto la vi me alivió pero me di cuenta de que entre toda la fantasía en la que vivo y la que vivimos las personas hay cosas que son reales.
Ella lo es y no lo cambiaría por nada ni nadie. Era como estar ciego y de repente entender todo por lo que había pasado. Las mentiras, las desgracias, el dolor, las horas de escritura buscando comprensión en el papel porque el mundo no conseguía dármela y, sobretodo, las decepciones. Espero no volver a ver el lago verde, las calles vacías, fogatas que tiren agua o calor en el norte porque todos sabríamos lo que eso significaría.
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