miércoles, 20 de agosto de 2014

"Caderas de Cristal"

A veces nos encontramos en mitad del océano de pensamientos y amores que describen nuestra vida con la exactitud y precisión de un barómetro calibrado minuciosamente. Si algo es capaz de bajar la presión de aquel artefacto es tu presencia. Me fijo vagamente en el segundero de mi reloj de bolsillo y observo algo más que peculiar.

Me gustaría que Newton resurgiese de su tumba y me explicase sus 3 leyes en presencia de algo tan infinito y puro como tus caderas de cristal. Una buena noche como cualquiera (mismo bar, misma bebida, misma gente, mismo todo) sufrí en primera persona los efectos de su danza. Era como estar hipnotizado, como si cada movimiento poseyese toda mi atención, todos mis sentidos.

Nos dio la una y ahí seguíamos, en un mar de estrellas bailando sin cesar, mirándonos a los ojos fijamente sin pronunciar una sola palabra. No hacía falta. Nos fusionamos apasionadamente en un tango suave como la seda, elegante como el diamante.

Esa noche, creo recordar, me dejé en casa las ganas de vivir. Un trago, un vals. Dos tragos, un tango. Tres tragos, éxtasis. Un beso, plenitud. Digamos que ese fue el ritmo que llevamos aquella noche de rocío, noche de esperanza. Dejé las ganas de vivir y volví con la vida misma, vos.

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