lunes, 19 de agosto de 2013

"Agonía"


Y ahí nos encontrábamos, perdidos en la noche parisina, sin rumbo. Con la certeza de que estábamos en el lugar correcto en el momento perfecto. Y miré tus ojos cristalinos, tan infinitos como el sentimiento que me invade cada vez que te beso. Pero no esta vez no encontré respuesta.

Estabas taciturna como la noche misma, como el que suspende con 4,92. Fue entonces cuando empezó esta agonía, tan amarga como el vinagre y tan agria cómo la lima. Dejamos París y con ella tus ganas de amarme, aquellos pétalos de vida y amor que antes cuidábamos juntos empezaron a marchitarse, a caer como las hojas de los árboles en otoño. Ni mi espada de poemas y relatos revivía la llama, una llama que llegó a arder cómo el mismísimo sol. 

Agonía, no sentía más que agonía; tan inmensa y aterradora como el vacío, tan punzante cómo un puñal de espinas, tan intensa como la manera en que te amé. Vos sos mi agonía, mi vida y mi todo.

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