Una noche gélida en las calles de Londres sería el escenario
de nuestra locura. Brisa, rayo, hielo, desparpajo. Entonces me di cuenta,
súbitamente me golpeó, un golpe desbordantemente perfecto. No sentía dolor, no.
Abrí los ojos y allí estabas, en medio de mis sueños, invadiendo cada parte de
mi vulnerable cuerpo. Y te vestiste con tu sonrisa, tan perfecta, tan
inmaculada, tan tentadora como una sirena en medio de los océanos de
fantasía. No cabía en mí mismo, mi alma
se despertó con la intensidad de un terremoto de escala 8, llena, limpia. El
recuerdo británico nos invadía, como invade la emoción a un niño cuando recibe
un juguete nuevo.
Entonces te prometí Roma. Déjame que te diga que
insensatamente fue la mejor locura que jamás cometeré, o cometeremos, pues
vivíamos en un pequeño apartamento lleno de libros de London, Wilde y
Hemingway. Vivíamos del calor de la chimenea, dónde haríamos el amor
desatadamente, sin parangones, al son de canciones de Sinatra o tu favorito,
Mercury. En Roma nos encontramos a nosotros mismos, jóvenes apasionados,
amantes de la literatura y los grandes músicos. En Roma nos enamoramos
locamente. Me perdía en tus ojos cristalinos y me sentía diminuto ante tu
mirada, llena de vida, llena de poesía. De Roma únicamente tenemos recuerdos de
vidrio, “¿Se acordará de Roma?” me preguntaba entre calada y calada.
Nuestro último recuerdo juntos lo tengo en Madrid, dónde
empezó todo. Recuerdo la primera vez que te vi, ese perfume de rosas, ese libro
de Neruda y esa camiseta de los Rollings. Era primavera en Madrid, y los
parques estaban llenos de poetas muertos, se escuchaban versos en cada esquina;
incluso acordes de Serrat y Sabina. Te saludé tímidamente, como saludan los
enclenques a aquellos que les hacen la vida imposible. Siempre recordaré tu
rostro ese día, esa pequeña carcajada que se te escapó y cómo dijiste
dulcemente: “Soy Natalia”. Hablamos de poesía y música hasta el amanecer, tú
siempre tan Mick Jagger y yo siempre tan Paul Macartney. Tú siempre tan
Hemingway yo siempre tan Wilde. Una aventura que acabó el 15 de Julio de 2012
en la puerta del sol. Hasta nunca Nati, descansa en paz. Te quiero.
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